Una mujer estaba sentada en el sofá beige. Su espalda descansaba contra el respaldo. Llevaba un corsé negro y un collar de perlas. Un tatuaje cubría su antebrazo.
Primeros minutos
La otra mujer permaneció de pie junto a la mesa de madera. También llevaba un collar de perlas. No se movió.
Pasaron así un par de minutos.
Luego, la mujer del sofá se arrodilló sobre el cojín. Se apoyó con las manos en el asiento.
La otra mujer se acercó. Se detuvo frente a ella.
Se inclinó y la besó
La mujer se recostó sobre la espalda en el sofá beige. La otra mujer se acercó al borde del sofá. Se inclinó sobre ella. Su ojo se alineó con el ombligo con piercing de la primera. Su boca se posó sobre el labio superior de la primera. Permaneció así. El beso duró siete segundos.
Luego la mujer de pie enderezó la espalda. Su collar de perlas rozó la mejilla de la que yacía. La que yacía no movió los brazos. Los mantupe a los lados del cuerpo. Su mano derecha descansaba sobre el brazo del sofá.
La mujer de pie giró levemente la cabeza. Su siguiente beso cayó sobre la comisura de los labios. La que yacía giró la cara hacia ese contacto. Sus cabezas se ajustaron. Los collides de perlas de ambas quedaron paralelos sobre el pecho de la primera. Los dos conjuntos de cuentas blancas descansaron sobre el negro del corsé.
Cuatro segundos.
Se separaron.
De nuevo y otra vez
Ella se movió. Se colocó de rodillas sobre el sofá, de espaldas a la otra. Inclinó el torso hacia adelante hasta apoyar las manos en el cojín. Su espalda quedó arqueada.
La otra mujer se acercó. Se detuvo detrás de ella.
Lo que llegó y se quedó
Esa noche, varias cosas habían entrado en la habitación por azar. Algunas encontraron su lugar.
- Un pendiente de plata cayó entre los almohadones del sofá y no volvió a salir.
- Una llave se deslizó bajo la pata de la mesa y allí se quedó.
- Un billete doblado aterrizó junto a la base de la lámpara y nadie lo recogió.
- Una flor se escapó del jarrón y se marchitó en el suelo.
- La luz de la tarde se coló por la ventana e iluminó el polvo en el aire.
La mujer se inclinó. Su boca encontró la piel. Besó la curva de la nalga izquierda. Luego la derecha. El movimiento fue el mismo cada vez.
Ella no se giró. Permaneció quieta. Su respiración era lo único que se movía.
La otra repitió el gesto. Varias veces. Siempre igual. Un beso. Una pausa. Otro beso.
Sin sacar los labios
Ella se desplazó un poco más, sin prisas. Sus rodillas se apoyaron en el suelo, junto al sofá. Su cuerpo se orientó hacia los muslos de la mujer que estaba acostada. Inclinó la cabeza.
Sus labios tocaron la piel de la otra mujer, justo en el nacimiento del muslo. El beso fue ligero. Luego, otro, un poco más abajo. La mujer acostada no se movió. Sus manos permanecieron abiertas sobre el sofá, a los lados de su cuerpo.
Sus labios se posaron luego en el centro mismo de su intimidad, un contacto breve y suave a través de la tela negra del corsé. La mujer arrodillada mantuvo allí su boca un instante, sin presión. Después se apartó, dejando ese punto tocado. La mujer tendida inspiró, y su abdomen se elevó levemente.
El mismo aliento
La mujer que estaba de rodillas se enderezó. Se acercó a la que estaba acostada. Sus cabezas se encontraron sobre el cojín del sofá. Los besos continuaron, pero ahora en la boca. Fue una transición sin interrupción. Un movimiento llevó al otro. Ella apoyó una mano en el hombro de la otra mujer. La otra mujer puso su mano en la cintura de ella.
Respiraban cerca.
Los besos no fueron largos. Se separaban por centímetros y volvían a juntarse. Era un ritmo constante. No hubo urgencia. La mujer que había estado de rodillas ahora estaba casi tumbada de lado, junto a la otra, en el borde del sofá. Sus cuerpos se tocaban a lo largo del costado. Las perlas de sus collares brillaban con la misma luz.
Durante esos minutos, sus acciones se mantuvieron en un intercambio parejo.
| Qué hacía la primera | Qué hacía la segunda |
|---|---|
| Besaba la piel de su muslo | Permanecía acostada |
| Se inclinaba sobre ella | Recibía los besos |
| Le tocaba la cintura | Le ponía una mano en el hombro |
La secuencia se repitió varias veces. Un ciclo de contacto y proximidad que no variaba. La habitación era la misma. La luz no cambió. El sonido era solo el de su respiración y el leve roce de la tela del sofá. Ninguna de las dos miró hacia la mesa donde estaban los objetos. Su atención estaba completa en ese espacio reducido que compartían.
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Se sentó sobre ella
La mujer se movió. Subió sobre la otra. Sus piernas la rodearon. Se sentó en su vientre. Quedó arriba.
La de abajo no se apartó. Su cabeza permaneció en el mismo sitio. Su brazo con el tatuaje descansaba junto al cuerpo.

Arriba, la otra se inclinó. Su espalda se curvó. Su pelo cayó hacia un lado. Su boca buscó la boca de la primera. Se tocaron.
Luego se enderezó. Se pasó la mano por la cintura. Miró hacia la mesa. Allí estaba el vibrador negro.
Se bajó. Se arrodilló junto al sofá. Su cuerpo ya no tapaba a la otra. La primera quedó tendida, mirando al techo.
Ella se levantó. Fue hasta la mesa. La madera crujió bajo sus pies. Agarró el objeto negro. Lo sostuvo un momento. Volvió.
Se arrodilló
Ella se puso a cuatro patas sobre el sofá. La otra mujer se acercó. Se inclinó sobre su espalda. Besó el tatuaje. Sus labios recorrieron las líneas de la tinta. Luego besó la base de su columna vertebral. Los dedos de la otra mujer se cerraron en su cintura. La empujaron suavemente hacia abajo. Su rostro se hundió en la tela beige del sofá.
La boca en su espalda se movió lentamente. Subió. Llegó a su nuca. La mujer de arriba giró la cabeza hacia un lado. Su mejilla presionó contra el cojín. Sus ojos estaban abiertos. Miraron la pared frente al sofá. Vieron la pintura colgada. Vieron la vasija con flores. No parpadeaban.
La mujer de pie se enderezó. Su sombra cubrió por un momento el cuerpo arrodillado. Se ajustó el collar de perlas. Se quitó una mota de polvo imaginaria de su propio muslo. Luego volvió a agacharse. Su mano izquierda se posó en el hombro de la otra. Su mano derecha tomó el vibrador negro de la mesa.
El peso sobre sus hombros cambió.
El vibrador frío tocó su piel.